Esto es un resumen de un cuento de Isaac Bashevis Singer, hijo y nieto de rabinos, que decidió dejar la carrera rabínica y trabajar de periodista. En 1978 se le concedió el premio Nobel de literatura.
Shlemel era pobre y no demasiado despierto, pero tuvo la buena fortuna de casarse con la hija de un rico hacendado del pueblecito de Chelm donde vivía. Después de liquidar buena parte de la dote en negocios desafortunados, decidió comprar un barril entero de orujo para venderlo al por menor.
Calculaba que si vendía todo el barril, ganaría tres monedas de oro. Al día siguiente, muy de mañana, él y su mujer montaron un tenderete en el mercado, y fijaron el precio del vaso a tres monedas de plata.
Sólo un vecino se avino a pagar ese precio, y a media mañana Shlemel se estaba desanimando. Le dijo a su mujer que necesitaba tomar un traguito para levantar la moral. Tenía en su mano las tres monedas de plata que había pagado el único cliente.
Se las dio a su mujer diciendo: “voy a tomarme un vasito. Aquí tienes el importe. Al fin y al cabo, mi dinero es tan bueno como el de cualquiera.” Su mujer accedió. Al poco, también ella utilizó las tres monedas para hacerse con otro traguito. El trasiego de copas y monedas siguió hasta el atardecer, cuando descubrieron sorprendidos que sólo tenían tres monedas de plata y el barril vació.
Por más vueltas que daban al asunto, no podían explicarse lo que había sucedido. Esa fue la última vez que Shlemel probó fortuna en los negocios. Desde entonces se quedó en casa cuidando los niños. Y para evitar males mayores, su suegro se fue del pueblo.
UNA HISTORIA ÚTIL PARA EL MANAGEMENT
En el suelo de la sala de cajas de seguridad del British Bank de Beirut, tras ser atracado por las guerrillas en 1976, se encontró una edición de este libro de cuentos, con anotaciones escritas en Yiddish. Se atribuye a un descendiente de los cuñados de Shlemel, que era uno de los depositantes desvalijados. Debía considerar que esta entrañable historia familiar también era útil para el Management de cada día:
Alguna de sus notas:
• Debo tener cuidado con los resultados de la Corporación, porque tras la reestructuración pasan cosas raras con la compra interna entre sus empresas. Parece que hay componentes políticas en la decisión y precio de bastantes de ellas, con lo que no sé si estarán justificados esos resultados tan brillantes en algunas, o si estará penalizando a otras. Si nos creemos lo que no es, igual tomamos decisiones de gestión incorrectas.
• Esas ventas internas, además, pueden camuflar durante mucho tiempo los resultados generales si no se consolidan adecuadamente. Al final del año, cuando los contables hacen su trabajo, puede surgir la decepción.
• Otro juego de autoengaño puede ser el número de clientes. Si sumamos el de todas las filiales, o negocios, estás seguramente contando varias veces a bastantes que son los mismos, sólo que más cabreados por recibir varias facturas en lugar de una.
• Además, no estaría de más chequear que donde he invertido se sigan las recomendaciones del buen gobierno corporativo: Consejo de Administración con Comisiones delegadas de control, compuestas exclusivamente por consejeros externos, con énfasis en las materias de información y control contable (Auditoria) y política de retribuciones.
• Hay que conocer los costes y cuidar los gastos generales, sobre todo en un negocio de arbitraje. Y de revisar las políticas de precios a tiempo, para fomentar la rotación
• Un éxito inicial puede ser contraproducente
También incluyó algunas notas al final del cuento:
• Es delicado unir familia y negocios
• Es mejor separar alcohol y negocios
• Es imprescindible separar tontos y negocios